
Cherry
Pequeño, dulce y explosivo.
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"El fruto que cambió la cocina del mundo."
Si lo quieres para ensalada, busca tomates firmes, aromáticos y maduros de verdad; el frío excesivo de la nevera puede apagar parte de su sabor.
Para salsa, sofrito o horno, funcionan muy bien los tomates con más carne y menos agua, porque concentran mejor el sabor.
Un buen tomate necesita poco: sal, acidez y grasa bien medidas bastan para llevarlo mucho más lejos.

"Hay ingredientes que acompañan; el tomate organiza medio plato."
Aunque en cocina se trata como verdura, botánicamente el tomate es un fruto.
Su color rojo intenso se debe sobre todo al licopeno, un pigmento antioxidante muy característico.
No todos los tomates saben igual: variedad, maduración, suelo, agua y recolección cambian muchísimo su perfil final.
Ligero y lleno de agua
Índice Glucémico
15
Es un ingrediente muy ligero y con alto contenido en agua, pero aun así aporta fibra, compuestos antioxidantes y una capacidad enorme para dar sabor, color y jugosidad a muchísimas preparaciones.

Pequeño, dulce y explosivo.
De tamaño pequeño y gran intensidad gustativa, suele ofrecer un punto más dulce y una textura jugosa muy agradable. Funciona muy bien en ensaladas, salteados rápidos, bandejas al horno y como bocado fresco con aceite, queso o hierbas.

Carne, equilibrio y cocina.
Tiene una forma alargada, buena proporción de pulpa y menos agua que otras variedades más redondas. Por eso es una opción muy útil para salsas, sofritos, conservas caseras y elaboraciones donde interesa concentración y textura.

Irregular, intenso y muy apreciado.
Muy valorado en España por su perfil sabroso y su equilibrio entre dulzor y acidez. Su forma acostillada, su textura firme y su carácter lo convierten en un tomate ideal para comer casi desnudo, con un buen aceite y poca intervención más.

El tomate es una planta exigente en luz, temperatura y manejo. Durante su desarrollo forma tallos, flores y racimos que irán transformándose poco a poco en frutos verdes, firmes y aún inmaduros.
La maduración cambia por completo su identidad: aparecen los azúcares, baja parte de la agresividad ácida y la piel toma sus tonos finales, desde rojos intensos hasta verdes listados o amarillos según la variedad. El momento de recolección influye muchísimo en sabor, textura y vida útil.
Desde cultivos tradicionales en tierra hasta sistemas intensivos o de invernadero, el tomate refleja como pocos ingredientes la tensión entre productividad, conservación y búsqueda del sabor real.
Un viaje a través del tiempo descubriendo las raíces y la evolución de este ingrediente.

El tomate tiene su origen en América, con antecedentes silvestres en la región andina y una domesticación que tomó forma en Mesoamérica. Antes de conquistar las cocinas del mundo, ya era un fruto conocido y aprovechado por civilizaciones prehispánicas que entendieron su valor culinario mucho antes que Europa.

Cuando llegó a Europa en el siglo XVI, el tomate fue recibido con recelo. Durante mucho tiempo se contempló más como curiosidad botánica que como ingrediente habitual, en parte por su parentesco con otras solanáceas y por prejuicios que lo alejaron temporalmente de la mesa.

Fue en el sur de Europa, especialmente en Italia y más tarde en España, donde el tomate encontró su gran destino culinario. Salsas, guisos, conservas y sofritos lo convirtieron en una pieza central de la cocina popular y luego de la gastronomía internacional.

Hoy el tomate es uno de los ingredientes más universales del planeta. Puede ser fresco, ácido, dulce, carnoso, concentrado, asado o convertido en salsa. Está presente en ensaladas, curries, fondos, pizzas, shakshuka, ramenes, tacos y miles de recetas donde aporta color, jugosidad y equilibrio.

El tomate tiene su origen en América, con antecedentes silvestres en la región andina y una domesticación que tomó forma en Mesoamérica. Antes de conquistar las cocinas del mundo, ya era un fruto conocido y aprovechado por civilizaciones prehispánicas que entendieron su valor culinario mucho antes que Europa.

Cuando llegó a Europa en el siglo XVI, el tomate fue recibido con recelo. Durante mucho tiempo se contempló más como curiosidad botánica que como ingrediente habitual, en parte por su parentesco con otras solanáceas y por prejuicios que lo alejaron temporalmente de la mesa.

Fue en el sur de Europa, especialmente en Italia y más tarde en España, donde el tomate encontró su gran destino culinario. Salsas, guisos, conservas y sofritos lo convirtieron en una pieza central de la cocina popular y luego de la gastronomía internacional.

Hoy el tomate es uno de los ingredientes más universales del planeta. Puede ser fresco, ácido, dulce, carnoso, concentrado, asado o convertido en salsa. Está presente en ensaladas, curries, fondos, pizzas, shakshuka, ramenes, tacos y miles de recetas donde aporta color, jugosidad y equilibrio.
