
Morrón
Carnoso, dulce y muy versátil.
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"Color, dulzor y carácter en la cocina del mundo."
Si lo usas en crudo, busca piezas firmes, brillantes y con piel tensa. Los rojos suelen resultar más dulces; los verdes, más herbales y directos.
Asado, el pimiento cambia por completo: pierde rigidez, gana dulzor y desarrolla una textura sedosa que funciona muy bien en ensaladas, guarniciones y salsas.
Para sofritos y bases largas, córtalo regular y dale tiempo. El pimiento bien trabajado aporta profundidad, no solo color.

"Pocos ingredientes pintan tanto el plato sin dejar de saber a cocina."
Aunque muchas veces se habla del pimiento como una verdura, botánicamente también es un fruto.
El color cambia muchísimo su perfil: verde, rojo y amarillo no son solo una cuestión estética, también cambian dulzor, amargor y madurez.
El pimentón nace del secado y molido de ciertas variedades de pimiento, lo que demuestra hasta qué punto este ingrediente puede transformarse.
Ligero, fresco y colorido
Índice Glucémico
15
Aporta pocas calorías, bastante agua y un perfil interesante de fibra y antioxidantes. Su gran valor culinario está en la combinación de frescor, dulzor vegetal y capacidad para transformarse con el fuego.

Carnoso, dulce y muy versátil.
Es uno de los más reconocibles por su forma ancha y su carne gruesa. Funciona muy bien asado, relleno, salteado o en tiras para sofritos y guarniciones. Cuando madura bien, su dulzor se vuelve especialmente amable.

Alargado, fino y muy de diario.
Más estrecho y ligero que el morrón, suele usarse mucho en frituras, plancha, bocadillos, tortillas y cocina doméstica cotidiana. Tiene una textura agradecida y un sabor vegetal limpio, muy útil para acompañar sin saturar.

Pequeño, verde y con sorpresa.
Muy ligado a la cocina gallega, se suele cocinar entero y a alta temperatura, normalmente con aceite y sal. Su atractivo está también en la incertidumbre: la mayoría son suaves, pero alguno puede sorprender con un picante inesperado.

El pimiento necesita calor, luz y cierta estabilidad para desarrollarse bien. La planta florece y, tras el cuajado, empiezan a formarse frutos verdes que irán engordando poco a poco hasta alcanzar tamaño, firmeza y estructura.
La maduración modifica no solo el color, sino también el sabor. Muchas variedades pasan del verde a tonos rojos, amarillos o anaranjados, ganando dulzor y perdiendo parte de su aspereza inicial. El momento de recolección condiciona mucho su uso posterior en cocina.
Desde huertas tradicionales hasta cultivos intensivos o bajo invernadero, el pimiento muestra muy bien cómo un ingrediente cotidiano puede existir en muchos niveles de calidad, textura y expresión según variedad, suelo y manejo.
Un viaje a través del tiempo descubriendo las raíces y la evolución de este ingrediente.

El pimiento nació en América y formaba parte de la alimentación de distintas culturas indígenas mucho antes de llegar a Europa. En sus formas dulces y picantes, ya era un ingrediente apreciado por su capacidad para aportar sabor, color y personalidad a platos humildes y festivos.

Tras el intercambio colombino, el pimiento cruzó el Atlántico y comenzó una expansión fulgurante. Su adaptación a distintos climas y su facilidad para secarse, asarse o conservarse hicieron que en pocas generaciones dejara de ser una rareza para convertirse en una pieza habitual de muchas cocinas.

En el sur de Europa encontró un terreno perfecto. Sofritos, guisos, escalivadas, ajvar, ensaladas asadas y bases aromáticas lo consolidaron como un ingrediente central. Paralelamente, sus parientes picantes siguieron su propio camino en Asia, África y América Latina.

Hoy el pimiento vive en registros muy distintos: puede ser fresco y crujiente, asado y sedoso, seco y concentrado, ahumado y profundo. Está presente en cocinas mediterráneas, mexicanas, magrebíes, balcánicas, turcas y asiáticas, siempre aportando color, dulzor vegetal o un punto de tensión.

El pimiento nació en América y formaba parte de la alimentación de distintas culturas indígenas mucho antes de llegar a Europa. En sus formas dulces y picantes, ya era un ingrediente apreciado por su capacidad para aportar sabor, color y personalidad a platos humildes y festivos.

Tras el intercambio colombino, el pimiento cruzó el Atlántico y comenzó una expansión fulgurante. Su adaptación a distintos climas y su facilidad para secarse, asarse o conservarse hicieron que en pocas generaciones dejara de ser una rareza para convertirse en una pieza habitual de muchas cocinas.

En el sur de Europa encontró un terreno perfecto. Sofritos, guisos, escalivadas, ajvar, ensaladas asadas y bases aromáticas lo consolidaron como un ingrediente central. Paralelamente, sus parientes picantes siguieron su propio camino en Asia, África y América Latina.

Hoy el pimiento vive en registros muy distintos: puede ser fresco y crujiente, asado y sedoso, seco y concentrado, ahumado y profundo. Está presente en cocinas mediterráneas, mexicanas, magrebíes, balcánicas, turcas y asiáticas, siempre aportando color, dulzor vegetal o un punto de tensión.
